[Actual Play] Aquelarre, el arabe loco y la emboscada

Esta actualización se corresponde a la dos últimas sesiones de juego en nuestra campaña en mesa de Aquelarre, mientras virtualmente seguimos de camino a santiago aunque en la vida real apenas hayamos avanzado nada porque hemos estado más tiempo planeando la emboscada que jugando.

En fin, que tras el primer resumen de lo ocurrido los personajes se encontraban en el valle de Ibarrela donde una compañía de mesnaderos (mercenarios) estaban saqueando el lugar ya que la señora local no podía hacerles frente. Pero no nos adelantemos todavía… el caso es que tras lograr que los campesinos no nos linchen allí mismos descubrimos que uno de los pocos soldados de la señora que gobierna las tierras se trataba de un compañero de armas de nuestro mecenas. Don Álvaro de Salazar, que había perdido un brazo en la guerra, logró calmar los ánimos y gracias a mis dotes como sanador y algo de buena voluntad pudimos evitar el enfrentamiento que unos minutos antes parecía inevitable.

En estas que hayamos a un moro encerrado en una jaula, siendo este personaje nuestra última incorporación en el grupo como jugador (Pope), mientras su bello caballo era maltratado cruelmente por un vulgar campesino que no sabía distinguir entre un caballo de carga y un bello ejemplar no entrenado en esos menesteres.
Nuestra acción logro no solo liberarlo sino recuperar parte de sus bienes, que le habían sido sustraídos por un pequeño grupo de campesinos que lo habían reducido. Por desgracia para nuestro nuevo compañero en el camino se habían extraviado sus valiosos maravedís que habían volado en una apuesta que no teníamos tiempo de investigar.
Este nuevo compañero resulta ser de lo más peculiar, ya no solo por la diferencia de cultura sino por el motivo de su viaje hasta tierras tan lejanas. Algo que aún no ha compartido con nosotros pero al menos nos ha demostrado que es una persona de honor, algo que es complicado encontrar en estos oscuros tiempos.

Si el máster te introduce encerrado en una celda es que no le caes bien. Lo sabe todo el mundo.

Esa misma noche la señora local, doña beatriz de Ibarrela nos invita a cenar en su propia vivienda. La cual había visto mejores días, pero había que reconocer el esfuerzo por tratarnos de una forma digna en una época de penas y escasos recursos. La pobre señora estaba necesitada de ayuda, y sobretodo de unos brazos fuertes como los nuestros, así que accedimos a ayudarla.
Una exploración del terreno nos permite descubrir un lugar idóneo para una emboscada. Se trata de un vado del río que los mesnaderos deben cruzar para acudir a este valle. Un lugar estrecho, embarrado y oscuro donde planear nuestro ataque por sorpresa.

Nuestras fuerzas están compuestas por un grueso de campesinos desorganizados y asustados, unos cinco soldados más la enérgica beatriz (que acude al combate con la armadura y la maza de su difunto marido, y pese a todo consigue moverse con soltura pese al peso que lleva puesto), unos pocos cazadores furtivos que se defienden con arcos y ballesta, y nosotros como el grueso de nuestro pequeño ejercito, y los mejor preparados.
El plan consiste en tener preparados unos troncos en el cauce del río para dejarlos caer cuando vayan a cruzar los mesnaderos. En ese momento de indecisión y sorpresa no solo les atacaremos con los árboles, sino también con flechas, piedras y una zanja preparada a la salida del cauce del río por si ellos deciden cargar. No es un gran plan, carecemos de efectivos y armas para enfrentarnos a una fuerza superior pero al menos contamos con la ventaja de la sorpresa, y que tras muchos ataques nunca antes se habían encontrado con resistencia.

El combate empieza bien para nosotros, el ataque inicial no es muy acertado pero su reacción inicial es cerrar filas y defenderse. Esos nos permite volver a atacarles, y nuestro certero compañero ballestero logra acabar con él que parece ser su líder. Es entonces, cuando los mesnaderos observan la carga de los campesinos (numerosos pero mal equipados) aunque la protección de la oscuridad de la noche consigue su efecto y los asusta. Cuando intentan huir se encuentran con la avanzadilla que habíamos dejado delante del vado que les impide marcharse.
Tan solo cometimos un error, no revisar mejor la zona pues un grupo de arqueros nos ataca desde la distancia protegiendo a sus compañeros.

Pese a todo la victoria es nuestra, numerosos mesnaderos acaban muertos o heridos mientras que solo unos pocos de nuestro bando caen en la batalla. En el último suspiro del combate aparece un caballero al galope que ataca a doña beatriz, y habría muerto de no ser por el enorme sacrificio que don Álvaro de Salazar realiza al situarse entre su señora y el ataque del caballero, falleciendo en el acto. Aunque nuestros arqueros y ballesteros atacan al caballero, este no cae, y cuando acaba el combate podemos ver que don Álvaro muestra una herida de flecha y no de espada. ¿Que clase de brujería ha tenido lugar aquí?

Con la victoria en nuestro poder le enviamos un mensaje al malvado abad del monasterio de Leire, un intento de frenar sus intenciones de aumentar su poder adquiriendo las tierras del valle de Ibarrela, en forma de cabezas decapitadas de sus mesnaderos.
Y al recuperar parte del botín saqueado este vuelve a manos de los campesinos, lo que les permitirá aliviar su sufrimiento.

Nuestro camino hacía santiago aún es largo, y tendremos muchas aventuras aún por librar pero al menos lo haremos con la frente alta y el espirítu limpio al saber que en este valle las cosas les irán mucho mejor ahora.

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